Edición especial sobre música
Escribir un texto de este tipo siempre me ha parecido un reto argumentativo. Por lo mismo procuro ser lo más autocomprensivo que puedo; el trabajo de un dibujante es representar aquello que rebasa el territorio de lo verbal, sin embargo, lo representado en imagen no deja de ser intencionado por un tipo de pensamiento sobre el que se pueda reflexionar con palabras.
Justo por eso debo reconocer que existe un propósito creativo que sostiene mi trabajo profesional pero, —al menos yo— no puedo hablar de un propósito creativo o profesional sin tomar en cuenta un propósito de existencia.
Creo que todo acto creativo es un acto de rebeldía, con distintas formas y distintos propósitos, pero un acto rebelde al fin. Y resulta que mi modo favorito de ser rebelde es por medio del acto lúdico, no como un simple hecho placentero, sino como un sistema para desafiar estándares éticos y morales de existencia y creatividad.
Me gusta pensar que mi trabajo es más parecido al de un escritor de ficción, pues me acomoda más el hecho de crear nuevas realidades para hablar sobre aquella en la que vivo que representar y señalar de manera directa mi realidad inmediata. Mi dibujo más bien busca especular con mi entorno y experiencia, siendo envuelto constantemente con la pregunta "¿qué pasaría sí...?".
No busco connotar un pensamiento rebuscado o pretencioso, reconozco que mi pericia creativa tiene una talla y que no es mi deber controlar aquello que sucede en la realidad de quien observa mis trazos. Si tengo alguna intención es únicamente la de potenciar nuevos mundos externos a mi pensamiento con la materialización de mis ideas. Rius definía a los novelistas como (en parafrásis) "lectores asiduos que buscan la forma de vengarse" y mi intención es detonar esa bomba de la venganza que, con algo de suerte, provoque una reacción en cadena.
Y tampoco es ninguna coincidencia mi referencia anterior. Mi dibujo pretende ser simple porque me interesa que sea accesible, legible y cercano; que conviva en una esfera común; pero también lo es porque el acto me lo permite.
Dibujo como dibujo porque quiero y puedo; porque es una evidencia de que existo a costa de un sistema que me ha orillado a la explotación, al falso mérito y a la discreción. Porque mi rebeldía tiene una causa creativa que se vuelve mucho más firme cuanto más libre sea; y qué mejor ejercicio de libertad y rebeldía que el propio juego.