Navegadores antiguos tenían una frase gloriosa:
“Navegar es necesario; vivir no es necesario”.
Quiero para mí el espíritu de esa frase,
transmutada la forma para que case con quien soy:
“Vivir no es necesario; lo que es necesario es crear.
Álvaro de Campos
Regreso a José Revueltas. En 2014 con motivo del centenario de su nacimiento me uní a un seminario de estudios de su obra narrativa. Dimos lectura cronológica a las 7 novelas y a los 3 libros de cuento, desde Los muros de agua (1941) hasta Material de los sueños (1974). Cada quincena un libro leído y al término, una sesión grupal para escuchar y verter nuestros comentarios de aquel impacto que es la lectura de cualquier libro de Revueltas.
Los libros de Revueltas son abrumadores y bellos. Es una contradicción que aplica a todos los aspectos de su obra. Su denominada perspectiva del “lado moridor” se propone captar “el movimiento interno propio de la realidad” a través de la aplicación de un método filosófico que consiste en la puesta en tensión de dos fuerzas contrarias que producen una situación inesperada y nueva, en la mayoría de los casos funesta. El método dialéctico. Los personajes de Revueltas son habitantes de los márgenes, desplazados por el progreso, el capital o la política. En sus historias no atendemos de manera directa al modo en que fueron desplazados, sino a las implicaciones de la vida crepuscular, en los bordes.
Estar en los bordes de la sociedad equivale a estar en los bordes entre la vida y la muerte. Es una dimensión habitada por presidiarios, ladrones, asesinos, prostitutas, pobres, indígenas, personajes afantasmados. Personajes generalmente desesperanzados o frustrados en el intento de superar sus circunstancias. La complejidad en los libros de Revueltas, no solo en sus personajes y sus planteamientos, también desde un lenguaje barroco a la vez que moderno, vuelven a su literatura una de las más vivas, vigentes y dignas de estudio en nuestro país.
José Revueltas nació en 1914, en un periodo de transiciones agudas que se pueden trazar desde lo personal hasta lo mundial. En lo personal, el desplazamiento del provincial Durango a la capital de México a los 5 o 6 años; de vivir en la dinámica de una ciudad pequeña, a habitar el epicentro del bullente Mercado de la Merced en el entonces Distrito Federal. Junto con el desplazamiento geográfico en su infancia, está la pérdida de bonanza económica con la muerte de su padre y junto a esta, la disolución del negocio familiar como comerciantes.
En el ámbito nacional e internacional, Revueltas nació entre guerras; en las convulsiones que inauguraron el Siglo XX; entre la Revolución Mexicana y la Revolución Rusa, pasando, desde luego, por la Primera Guerra Mundial. Ya en su periodo de madurez: la Segunda Guerra Mundial, la Revolución Cubana, la guerra fría. Las luchas y las tensiones internacionales encontraron a Revueltas en la Biblioteca Nacional en sus primeros años. Leyendo por placer, estudiando toda suerte de cosas, aprendiendo por su cuenta lo más posible, abrevando el marxismo, para luego salir a las plazas.
Revueltas tenía 14 años la primera vez que pisó una cárcel. Fue condenado a pasar un año y un día en la correccional (aunque fue liberado a los seis meses) tras participar en la manifestación por el aniversario de la Revolución Rusa frente a catedral, en el corazón político del país que es el Zócalo. Tras un breve paso por la escuela de electricidad, se unió al Sindicato de Electricistas y muy pronto comenzó en la práctica, lo que había visto en los libros; muy pronto experimentó la reclusión, que no solo habría de ser uno de sus temas principales, sino una experiencia reiterada, desde su paso por las Islas Marías hasta su estancia en Lecumberri, al ser señalado y aprehendido como uno de los principales ideólogos del levantamiento estudiantil que derivaría en la matanza de Tlatelolco el 2 de octubre.
En esta temporada de lectura, regreso a Revueltas para abordarlo desde su ángulo más personal, que emprendo con motivo del cincuenta aniversario de su muerte, me estaciono en “Las evocaciones requeridas”. Son la carta de navegación por el plano personal, literario y político de Revueltas; su aspecto más íntimo. Este libro es la historia debajo de la historia, el renglón que José Revueltas fue escribiendo en simultáneo a su obra, con los actos de una vida de entrega a la militancia política, a la eterna lucha por la defensa de los ideales, a la lectura y al amor a la familia y a los amigos.
“Las evocaciones” es un volumen de papeles personales compilado por Andrea Revueltas y Philippe Cheron, dando como resultado un libro compuesto por textos autobiográficos, apuntes personales, fragmentos de sus distintos diarios y en su mayor parte de cartas, enviadas a sus diferentes parejas en cada época, a sus hijos, su familia y a sus camaradas. Para remarcar la importancia de este volumen, comparto un fragmento en el que Revueltas reflexiona lo siguiente:
Con una frecuencia abrumadora el público confunde al escritor con su vida, y de ésta deriva su obra como anécdota, como sucedido particular, como confidencia. Pero en realidad ocurre todo lo contrario: la vida misma del escritor es su obra; no existe para otra cosa, no vive sino para crearla, para escribirla día con día y su mundo todo de relación no viene a ser sino una experiencia literaria cotidiana, tensa, vivaz, a la que nada escapa, ni siquiera –o menos que nada— el sueño. “Las evocaciones requeridas”, José Revueltas, Obra Reunida, pág. 511-512.
Para mayor muestra, lo que escribe a manera de inspiración en una carta a Omega Agüero (pareja cubana del escritor) quien era modelo y recién incursionaba en aspectos de creación literaria:
Debes creer en tu talento porque realmente lo tienes, y no desmayar un solo instante. Escribir, escribir, escribir. “Vivir no es necesario, escribir es necesario”. Ídem, pág. 467
Revueltas cita a Fernando Pessoa, no únicamente como una forma de aliento, sino revelando esa frase como uno de sus mantras secretos. La vida del autor estaba totalmente supeditada a la escritura.
Para el novelista –como para todo escritor que se entrega a la causa de crear mundos imaginarios— la vida entera, su propia vida, no obedece sino al exclusivo propósito del hallazgo de experiencias literarias, por verdaderamente impío y monstruoso que parezca el poner esta circunstancia al descubierto. Ídem, pág. 37
Revueltas escribe todo el tiempo, a todas horas, en todas partes, con todos los medios a su alcance. Desde temprano en su vida cobró conciencia de que su trabajo era escribir. Lo que es más, su descanso era escribir. Al cabo de larguísimas jornadas de escritura de guiones cinematográficos, o de sus propias novelas, todavía se daba el tiempo de escribir en su diario y de escribir correspondencia para su familia y sus allegados.
“Las evocaciones requeridas” puede servir a los lectores de Revueltas para hacer indagatorias puntuales sobre múltiples aspectos biográficos del autor. Yo me propuse ahondar en la relación del autor con Durango, tanto en sus memorias, como en sus visitas, o en sus alusiones de personajes duranguenses entre los que aparecen Pastor Rouaix, Ricardo Castro, Dolores del Río y Pancho Villa.
Al ser un aspecto muy importante en su obra literaria, también escruté los momentos en los que tuvo alguna cercanía con la reclusión y con muerte, ya fuera por experiencias propias, la muerte de sus familiares, o lo propio de la violencia que le rodeó en esos años convulsos.
Del mismo modo me propuse remarcar anécdotas de orden personal, que humanizaran mi entendimiento del autor con anécdotas banales, domésticas o cómicas, como su estancia en Alemania, donde, limitado por su incapacidad de aprender Alemán, se comunicaba únicamente con la palabra ‘Bockwurts’ (salchicha).
Solo domino la palabra Bockwurts y la uso para todos los casos. Para saludar: ¡Bockwurts! (e inclino ceremoniosamente la cabeza). Para indicar que algo no tiene importancia: ¡Bockwurts! (y me encojo de hombros). Para ofrecer cigarrillos: ¿Bockwurts? (y tiendo la cajetilla a mi interlocutor). Lo curioso es que me comprenden. Ídem, pág. 341-342
El sentido del humor de Revueltas es algo de lo que no escuchamos mencionar muy a menudo, por centrarnos en su figura crítica y lo sombrío que puede llegar a ser su literatura, pero a decir de sus amigos y conocidos, era una actitud transversal en su vida corriente como queda de manifiesto en toda su correspondencia.
Otro aspecto del que estuve pendiente a lo largo del libro, fue la mención de libros y autores que leyó, reconociendo en ellos una influencia literaria o dirigiéndoles críticas razonables. Entre sus lecturas permanentes e influencias más reiteradas: Marcel Proust, André Gide, Dostoyevski, Nietzsche. En su estancia en Lecumberri, su diario tomó un cariz especial inclinado hacia la crítica de arte, aportando revisiones de libros, o captando la plasticidad poética en escenas a su alcance. En este periodo hace mención especial de escritores mexicanos como Elena Poniatowska, Gerardo de la Torre, Martín Luis Guzmán, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Fernando del Paso, Vicente Leñero, José Agustín y Salvador Elizondo.
En 2026, el cincuenta aniversario luctuoso de Revueltas nos brinda un pretexto ideal para regresar a su obra, particularmente a “Las evocaciones requeridas”. Son muchas las visiones que pueden arrojarse a este libro, y es tarea de cada lector formular sus propias preguntas, para renovar la lectura de sus libros y visitar su figura como un humano (demasiado humano) o un artista total, al que José Emilio Pacheco resume con las palabras que dan título a este artículo: “omnividente, proliferante, omniocupante, la prosa de Revueltas es un medio de descender a nuestro interior y llegar al otro lado de la realidad”.