Tras la fiesta de Año Nuevo, la moneda de nuestros sueños e ilusiones comienza a caer. Los propósitos que anhelamos fueron sentenciados con las doce campanadas. Es tiempo de enfrentarnos a una ley inmutable de la naturaleza: es difícil llevarlos a cabo.
Cual bólidos penetrando nuestra fuerza de voluntad, ellos ya cumplieron su propósito: dejarse desear para nosotros ser felices durante el primer minuto del año. El plan para concretarlos, como las baterías de los juguetes, viene por separado.