¿Qué tan profunda puede ser la relación entre la palabra escrita y las imágenes? Aunque pueda parecer una pregunta evidente resulta necesario volver a abordarla, especialmente en una columna que propone introducir las artes visuales en una revista literaria. De esta forma, no solo se establecen los lineamientos a través de los cuales la literatura y las artes visuales son, conjuntamente, creadoras de una experiencia estética, sino que también se recuerda que, en las revistas literarias, dicha relación ha dado lugar a algunos de los productos culturales de mayor valor que aún se conservan en la actualidad.
Es imposible reflexionar sobre la relación entre las artes visuales y la palabra escrita sin pensar en las vanguardias históricas y su intención de construir una “obra de arte total”. Un ejemplo claro es el trabajo de Filippo Tommaso Marinetti, artista perteneciente al futurismo italiano, y sus libros futuristas, que exploraron esta relación mediante el uso de tipografías experimentales y ritmos visuales, transformando el texto en imagen.
Más de un siglo después, esta exploración continúa viva en el arte contemporáneo. En las mecanografías de Glenn Ligon, por ejemplo, la ilegibilidad y la imposibilidad de la comunicación se convierten en el tema central. De manera similar, en Semiotics of the Kitchen, Martha Rosler articuló un video-performance en el que, a través de la parodia de los programas televisivos de cocina de los años setenta, ordenó alfabéticamente los utensilios domésticos, los nombró y demostró su uso. En esta obra, imagen, palabra y gesto funcionan como un solo sistema, revelando el carácter ideológico de los objetos cotidianos y del lenguaje simbólico que los organiza. Tanto las vanguardias como el arte contemporáneo recurren a la relación entre imagen y la palabra escrita para crear un significado nuevo, más potente, directo y duradero.
No obstante, mucho antes de entrar a las galerías, esta síntesis encontró su hogar natural en las revistas literarias que han reflexionado sobre estas posibilidades. La revista Jugend, en su primera edición defendió abiertamente la construcción de un mensaje “Kurz und gut” que en alemán puede traducirse como “corto y bueno”. Para esto, señalaron que los textos y las imágenes debían presentarse con “gracia y movimiento”. Más importante aún es que la consigna “Kurz und gut”, como ha señalado Diana Suárez, no alude únicamente a la brevedad, sino a lo instantáneo: “aquello capaz de comunicar una experiencia moderna mediante una sola impresión, una palabra o una imagen”.[1] La relación estrecha entre textos e imágenes demuestra la preocupación de estas publicaciones por la síntesis estética.
Sería ingrato no mencionar a la revista literaria mexicana que también propuso una relación entre texto e imagen: La Revista Moderna. Fundada en 1898, dio cabida a una amplia variedad de expresiones literarias como poesía, crítica, crónicas, noticias culturales y textos dedicados a figuras de la política, la sociedad, el arte y la literatura. Mas recientemente especialistas como Fausto Ramírez Rojas la han señalado como "la más importante en la historia cultural y artística de México.”[2]
La trascendencia de La Revista Moderna es innegable, desde su espíritu decadente y bohemio, hasta las ilustraciones de Julio Ruelas. Sin embargo, tengo para mí que una de sus mayores bondades fue entender y concretizar, como ninguna otra producción en su momento, las posibilidades estéticas de la síntesis entre lo escrito y lo visual. Desde la puesta en página, las cabeceras realizadas por Ruelas o la deliberada inclusión compositiva de los títulos en las ilustraciones, La Revista Moderna concretizó de forma “corta y buena” la experiencia moderna del México porfirista, con sus miedos y sus contradicciones.
Un buen ejemplo de esto es la ilustración de Ruelas titulada Un Noctámbulo. En esta imagen, Ruelas nos muestra una escena de sueños donde dos hombres de clase alta (el propio artista y Jesús E. Valenzuela, editor de la revista) disfrutan de la compañía de varias mujeres que los consienten. La escena se configura como un sueño, porque Ruelas la rodeó de un humo del que emerge, en segundo plano, un hombre destruido y atormentado por insectos gigantes. La imagen se divide así en dos momentos representados: los pecados y la penitencia del hombre torturado.
Lo interesante es que, usando el mismo humo de la escena, Ruelas mimetiza el título de la ilustración. La frase Un noctámbulo se funde con el estilo onírico y atemporal de la imagen. Esta decisión no es casualidad; el título es el gatillo con el que el artista potencia el mensaje de su obra, asociando la palabra “noctámbulo” como el que deambula por la noche en diversas actividades sociales que gracias a la imagen, sabemos están vinculadas a la prostitución. Además, la asociación entre el título y los hombres bien vestidos comunica lo generalizada y habitual que era esta práctica, independientemente de la posición social, cuestionando la supuesta superioridad moral de las clases altas y exponiendo sus vicios.
No hay que olvidar, además, que esta ilustración está pensada para introducir al lector a un cuento realizado por Rubén M. Campos también llamado Un noctámbulo, donde un hombre de clase alta cae en desgracia por el abuso de alcohol y el costoso hábito de pagar por servicios de prostitución. De esa forma, y tal cual lo postuló la revista Jugend, Ruelas conjuntó texto e imagen en un solo producto orgánico y elegantemente compuesto para comunicar “de un solo instante” los miedos, preocupaciones y las contradicciones del sistema de valores porfirista, mientras le otorgaba carácter visual a las palabras decadentistas de Rubén M. Campos.
En síntesis, la relación entre título e imagen es el núcleo interpretativo de Un noctámbulo. El título activa la lectura moral y nocturna de la escena; la imagen concreta la práctica representada; y su interacción genera un mensaje crítico que expone las fallas del discurso porfiriano sobre la moral pública y hace ver, en un instante, los miedos de la burguesía porfirista.
Así pues, volver a la pregunta ¿Qué tan profunda puede ser la relación entre la palabra escrita y las imágenes? es, en el fondo, una invitación a leer y mirar con mayor atención para acceder a una experiencia estética aún más fina. Desde ahí se propone esta columna como un espacio donde se pueda pensar en las artes visuales y su importancia en la actualidad de forma accesible. Un espacio donde se pueda escribir con imágenes.
[1] Diana Hernández Suárez, Fin de siglo porfirista: arte y política en la Revista Moderna (1898–1911) (Madrid: Editorial Verbum, 2019), 88.
[2] Fausto Ramírez, “Julio Ruelas y las ilustraciones de la Revista Moderna (1898–1911),” en La república de las letras: Asomos a la cultura escrita del México decimonónico, coord. Belem Clark de Lara y Elisa Speckman Guerra (México: UNAM–IIB, 2005), 239.