Creo que cuando anhelamos algo más en nuestras vidas siempre nos aferramos a algo: unos a Dios, otros al dinero. Yo, en mi caso, me aferré a salir del país.
Creía que todos mis problemas se resolverían haciéndolo, que mi vida mejoraría exponencialmente. Pobre ilusa.
Con mi hermana viviendo en Bahréin encontré la forma de poder hablar con ella acostumbrándome a sus horarios y todo eso; hablaba con ella, sin excepción, todos los días. Uno de esos días me comentó que existía la posibilidad de irme a vivir con ella y acepté sin pensar. Me indicó cómo postularme a un trabajo; en este caso sería de mesera en un resort de cinco estrellas y, por ser su hermana, me dieron preferencia.
No era el trabajo soñado para mí, sin embargo, acepté porque creí que este era solo el primer paso. Me sentía nerviosa por mi inglés porque jamás terminé el curso bien, solo llegué a la mitad y de ahí para adelante solo veía series sin subtítulos o, si los tenía, en inglés. Aunque esto fue lo que más me ayudó.
Después de un tiempo me notificaron que había sido seleccionada y que había pasado los filtros, y me mandaron el contrato. Recuerdo estar muy nerviosa sobre si firmarlo o no porque, de hecho, yo ya tenía un plan para irme de au pair a EEUU. Hasta había trabajado en una guardería para lograrlo. Como dije, yo ya tenía la meta de salir de México a como diera lugar. Ahora, viéndolo en perspectiva, hasta ternura me da esa versión de mí toda ilusa jajaja.
Firmé el contrato nerviosa, porque justo había empezado a tener una relación con alguien y eso me hacía pensar mucho. Es una persona que me respeta, me quiere, y yo no estaba tan acostumbrada a eso…
Después me hice análisis médicos de toooodo tipo para obtener la visa y todos salieron bien. Me dolía mucho dejar mi vida, a mis gatitos y a mis amigos. Recordé mucho el último capítulo de Friends, cuando Rachel se baja del avión por Ross. Antes criticaba ese acto y, en ese momento, hasta lo entendía. Si su felicidad estaba en Nueva York, ¿por qué no iba a luchar por ella? Aunque ahora incluso tengo otro pensamiento: creo que él debió irse con ella -en este caso muy específico-, porque él era un tóxico; era lo mínimo que podía hacer. Pero bueno, ese es otro tema jajaja.
Creo que romantizamos mucho salir de México. Admiramos a todos los que lo hacen y hasta los envidiamos. Y ahora que estoy de este lado, en mi caso muy específico, puedo decir que no es nada glamuroso. Mi vida no se solucionó y, sobre todo, pasé por mucho dolor emocional. Antes de venir, creo que era más tolerante y ahora no lo soy.
Ahora me doy cuenta de lo que realmente es México para mí y ya no lo romantizo. Sé que tiene muchas fallas, que el gobierno no trabaja y que las personas tienen necesidades difíciles de cumplir. Pero una cosa no quita lo bonito del país, y es precisamente ese contraste lo que más les duele a las personas: que, siendo un país tan bonito y con tanto potencial, el gobierno se aproveche de él en lugar de cuidarlo.
Aquí, un choque cultural que tuve fue que nadie me quería quitar mis cosas; nadie se roba nada. Un día olvidé mi cámara profesional en el probador de una tienda y creí, estaba segura, de que no la volvería a ver. Sin embargo, cuando regresé, ellos me la habían guardado, aunque ya había pasado un día completo.
Irse está muy romantizado. Creo que debería estar igual de romantizado quedarse, o tal vez ninguno. Simplemente son decisiones.