¿Cuál es el sentido de coleccionar arte? Aunque el coleccionismo es una práctica que ha despertado la curiosidad de filósofos, antropólogos e historiadores, la construcción de una colección es un proceso individual, subjetivo e íntimo. Hay muchos tipos de coleccionistas y cada uno responde a un impulso específico, pero siempre hay una idea en común: el objeto que se colecciona ya sea una estampa del álbum del mundial, una película muda de cine francés o una antigüedad mesoamericana, cambia de naturaleza al momento de formar parte de una colección.[1] Ya no importa si la estampa está o no pegada en la sección de su equipo correspondiente como estaba planeado; ahora tiene otra vida que el coleccionista le otorgó. Ya sea como inversión, nostalgia, pasatiempo o estatus, el acto de coleccionar ignora la utilidad principal del objeto y reescribe su historia.
¿Pero qué ocurre cuando se hace una colección de arte por una necesidad administrativa? Ese es el caso de la colección de arte contemporáneo más grande de México: La Colección Pago en Especie de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, una colección pública desconocida que exhibe una pequeña parte de su obra en el museo de Hacienda en la Ciudad de México.
La iniciativa de Pago en Especie fue inaugurada en 1957 como una idea del muralista David Alfaro Siqueiros para ayudar a uno de sus amigos que se encontraba en bancarrota. Siqueiros, consciente de la situación precaria en la que vivían muchos artistas, convenció al entonces funcionario de Hacienda, Hugo Margáin, de crear un acervo propiedad del SAT para que los artistas pudieran cumplir con sus obligaciones fiscales a través de la donación de su obra.[2]
El programa fue sumamente aplaudido por la esfera artística posrevolucionaria. Artistas como el Dr. Atl, Diego Rivera y Rufino Tamayo donaron varias de sus pinturas con el fin de incentivar a jóvenes creadores a contribuir a la colección. Esto porque en México aparecer en un museo público era la carta del éxito para que muchos artistas encaminaran su carrera.[3] El Estado, por otro lado, estaba encantado de recibir obras de vanguardia, especialmente de artistas reconocidos internacionalmente. Sin embargo, las promesas de cooperación entre Hacienda y los artistas mexicanos poco a poco se fueron apagando. Después de recibir obras en su etapa inicial, la colección no volvió a abrir la convocatoria y cayó en el olvido. No fue hasta la llegada de Carlos Salinas de Gortari, casi 40 años después, que la colección se volvió a formalizar en 1994 y desde entonces año con año la colección no deja de crecer.[4]
Pero la colección respondió a un contexto muy distinto al de los años cincuenta. México atravesaba profundas crisis políticas como el levantamiento zapatista, el asesinato de Luis Donaldo Colosio, y una inminente crisis económica azotaba el país. ¿Por qué un gobierno asociado con la privatización de empresas y el libre mercado apostó por financiar una colección de arte pública en una época tan convulsa? La respuesta quizá se encuentre en la forma en que comenzó a entenderse el papel del arte en la década de los noventa. El arte, con el neoliberalismo, tenía que hacerse “útil” y justificar su existencia.[5] En ese sentido, la colección Pago en Especie busca mantener en marcha una herramienta fiscal: los artistas entregaban obra, el Estado recibía impuestos y la colección seguía creciendo. A diferencia de muchas colecciones públicas, a partir de 1994 Pago en Especie no buscó una selección de obras destinada a construir un relato sobre el arte contemporáneo mexicano. La colección crece, ante todo, por una transacción fiscal.
Como parte del programa, la Secretaría de Hacienda se comprometió a exhibir el acervo, enviando más de la mitad de las piezas a diferentes estados de la república, pero sin asegurar las condiciones para su correcta conservación. Miles de obras comenzaron a viajar a museos e instituciones de distintos estados. El gobierno, estaba orgulloso de hacer accesible el arte contemporáneo mexicano, pues demostraba su compromiso con la cultura y las artes. Sin embargo, no todas las entidades federativas contaban con la infraestructura o las capacidades para cuidar, almacenar y exponer un volumen de obras que crece año con año. Muchas obras, en el mejor de los casos, se mantienen escondidas en bodegas de instituciones que no saben qué hacer con ellas. La colección, entonces, es un testigo silencioso de como el Estado hizo “útil” el arte para mostrarse como promotor de cultura en un momento donde la legitimidad de Salinas de Gortari era constantemente cuestionada.[6]
Actualmente la colección Pago en Especie sigue cumpliendo, en cierta medida, con la intención original que Siqueiros propuso: ofrecer un salvavidas frente a la precariedad de la creación artística. El creador, siempre y cuando venda, ve reconocido su trabajo, encuentra valor en su obra y recibe un respiro ante las exigencias del mercado tradicional. Pero la colección Pago en Especie, única en el mundo, plantea una reflexión más profunda: ¿para qué coleccionamos? Si al coleccionista de estampas, videojuegos, películas o antigüedades ya no le importa la utilidad original de sus objetos, sino lo que significan para él, ¿qué ocurre cuando una colección parece surgir de la lógica opuesta? No por el valor de las obras, sino por su utilidad futura.
Si un coleccionista desempolva su biblioteca, recupera recuerdos, afectos e historias. ¿Qué desempolva la Secretaría de Hacienda cuando abre sus bodegas? ¿Qué relato puede construir una colección formada por criterios fiscales? Quizá esa sea la pregunta más interesante que plantea el programa Pago en Especie. Toda colección termina revelando algo sobre quien la reúne. Y si las colecciones tradicionales nos cuentan qué quiso conservar una persona, la colección de Hacienda nos obliga a preguntarnos qué quiso conservar el Estado mexicano durante la década de los noventa.
[1] Beatriz Sarlo, “La persistencia de lo incompleto,” en El coleccionismo por Walter Benjamin, (Buenos Aires: Ediciones Gadot, 2022). 16
[2] Maribel C. García, “Gestión y control de colecciones patrimoniales: “Pago en Especie”: Colección del Museo de Arte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, un estudio de caso.” (tesis de licenciatura, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2016), 58.
[3] Tania Islas Weinstein, “Politics in a House of Mirrors: Art, Nationalism, and Representation in Contemporary Mexico.” (PhD diss., University of Chicago, 2019), 96.
[4] Maribel C. García, “Gestión y control de colecciones patrimoniales: “Pago en Especie”, 62.
[5] Irmgard Emmelhainz, “Arte útil e industrias culturales. ¿Habrá arte después de la cultura?,” en ¡Abajo el muro! Arte, neoliberalismo y emancipación desde 1989, ed. Alberto López Cuenca, Tania Valdovinos Reyes y Renato Bermúdez Dini (Museo Universitario Arte Contemporáneo, 2021), 57.
[6] Tomás Ejea Mendoza, “La liberalización de la política cultural en México: el caso del fomento a la
creación artística,” Revista Sociológica 24, no. 71 (2009): 23.